Futbol Americano Psicología del Deporte

El Jugador 95. El término de una vida deportiva y ¿luego? (Por Dra. María Marentes Castillo)

Por Dra. María Marentes Castillo
Maestra en Psicología aplicada al deporte

Es bien sabido que no se puede ser deportista de rendimiento toda la vida. En México la vida deportiva puede culminar entre los 22 y los 25 años aproximadamente, aunque claramente esto depende del deporte. En este caso hablamos del fútbol americano nacional y en México jugar en un equipo de liga mayor implica participar hasta los 25 años, y sí se quiere seguir jugando a nivel profesional se puede perseverar en dicha actividad, a sabiendas de que el comienzo formal de una vida laboral hará más complicado el seguir jugando.

Vladimir Araiza (32) y Jonathan Barrera (23) de Pumas CU antes de la final de ONEFA 2008 (Omar Ureña/Gráfico Sports)

Los jugadores de fútbol americano que participan en esta liga apuestan todo para dar sus mejores actuaciones tanto en el campo como en el salón de clases y poder mantenerse en el estatus de atleta-estudiante. He conocido historias a través de entrevistas a los jugadores quienes comenzaron a ir a un campo de juego a los cinco años generalmente acompañados de algún familiar, edad a la que probablemente no tenían mucha conciencia del lugar donde estaban parados, pero que gracias al aprendizaje por observación y al desarrollo de la motivación se develaron grandes jugadores de futbol americano, lo que los hizo beneficiarios de becas deportivas para hacerse también de una carrera universitaria.

A lo largo de tres años he conocido atletas de este deporte que dejaron sus hogares siendo dolescentes con la meta de jugar en aquel equipo deportivo y con esto el comienzo de una nueva vida independiente. Esta nueva vida les permite establecer metas y sueños que poco a poco se van alcanzando, pasar de semestre, ser titular, ganar un campeonato, titularte como profesional. Sin embargo, para un atleta-estudiante la inclinación hacia el aspecto deportivo es tan predominante que en muchas de las ocasiones el aspecto profesional-académico y personal queda de lado, no tomando atención de lo que viene después de una vida deportiva, es decir no prestamos atención a justamente el retiro deportivo, el cual es un evento vital que puede generar más o menos bienestar psicológico en estos atletas, principalmente llevando a cuestionarse ¿Quién soy después de haber sido atleta?, ¿Y ahora que hago de mi vida si ya no tengo que ir a entrenar doble sesión y jugar los fines de semana?, ésta y otras preguntas pueden llegar sin previo aviso si es que el retiro deportivo no se aborda apropiadamente. Este artículo lo he desarrollado con base a tres fundamentos: la experiencia obtenida del trabajo psicológico con atletas de la liga mayor de futbol americano, la propia experiencia como psicóloga aplicada y con base al trabajo psicológico con un atleta, al cual llamaremos “Atleta 95” (del cual he obtenido su consentimiento para tomar elementos de pensamiento y emociones que han surgido de su seguimiento psicológico).

La generación del 95 de la liga mayor de fútbol americano pasaba por su último año de elegibilidad, un año de muchas expectativas y metas, año donde una etapa de vida llegaba a su conclusión y donde parte de la intención era aprovechar al máximo cada entrenamiento, cada juego, cada encuentro con sus familias deportivas. En el caso del nuestro Atleta 95, él tenía dos opciones ante este último año, aceptar una muy buena oferta laboral o jugar su último año en su deporte de toda la vida. Estas dos opciones eran incompatibles, por lo que el objetivo en el
consultorio era ayudarlo a realizar el proceso de toma de decisiones tomando en cuenta todos los factores implicados. Luego de varias sesiones, el atleta decide jugar su último año de elegibilidad, visualizando ese último día, tal vez esa final de campeonato donde se disfrutaba del mariachi, el pastel, y la alegría e igual la tristeza compartida con sus familiares y por supuesto su familia deportiva, los abrazos, y porque no, las lágrimas de alegría, tristeza, nostalgia, etc. Sin embargo, nadie imaginaba lo que iba a suceder después.

Auténtico Tigres UANL (MARCA Claro)

Al comienzo del año 2020, en China se detecta un nuevo virus de alta probabilidad de contagio que rápidamente se expandió al mundo entero y nos ha llevado a vivir uno de los años tal vez más difíciles de nuestras vidas. El Covid-19 vino a solicitarnos que por un tiempo prolongado nosquedemos en casa y que le pusiéramos pause a nuestros objetivos y metas. De hecho, “yo ahora estoy escribiendo todavía en mi aislamiento en casa. Por supuesto, cuando yo regrese a casa aquel viernes 13 de marzo, nunca me imagine que 8 meses después seguiría en casa”. De igual forma los atletas del futbol americano nunca se imaginaron que durante este año 2020 no volverían a pisar el campo. Nuestro Atleta 95 nunca se imagino que aquella decisión que tomo un año atrás ahora vendría a presentársele como el fantasma de aquellas decisiones que prontamente nos revela las consecuencias. Las sesiones psicológicas habían pausado, pero justamente la situación anterior nos hizo volver ahora al consultorio virtual.

¿Cómo te sentirías sí de un día para otro se desvanece un año de tu vida?, un año donde los pasos a seguir eran claros y había una dirección, terminar mis estudios, terminar mi elegibilidad en mi equipo y percibir que se cerró un ciclo de tu vida, saber que durante un año más seguirás jugando el deporte de tu vida. La cuestión para reflexionar no son solo los efectos psicológicos que provocó esta situación como incertidumbre, ansiedad, angustia, preocupación, estrés negativo, desesperación, entre otros, sino la pregunta que surgió en nuestras reflexiones fue: ¿Estamos preparando realmente a los deportistas para el retiro deportivo? Y creo que la más importante: ¿Realmente estamos otorgándole los recursos necesarios a estos deportistas para ser autónomos después de su vida deportiva y universitaria?

Respondiendo a la primera cuestión, generalmente cada año que egresa una generación de deportistas, los equipos deportivos se preparan seleccionando nuevos prospectos para ocupar esos lugares, y la prioridad es preparar a los jugadores que suben de categoría o adquieren la titularidad para mantener o mejorar el rendimiento de un equipo. No pretendo decir que se deja de un lado a los de último año, pero sí es verdad que más vale prepararse para el día en que estos jóvenes salgan definitivamente del equipo. Creo que es importante tomar conciencia de que son personas que han estado una vida en un equipo deportivo, se han formado vínculos emocionales fuertes, y se han encontrado formas de vivir que han sido satisfactorias, por lo que retirarse es realmente un evento crucial en sus vidas. ¿Cómo se puede abordar desde el equipo? Puede ser desde lo más sencillo como otorgar un rol importante a dicho atleta, entablar conversaciones entre atletas y entrenadores acerca del futuro, hablar desde la experiencia del entrenador, retroalimentar sobre los grandes aportes que han tenido estos atletas a su equipo, y claramente sí se cuenta con un profesional de la psicología deportiva se deberá acudir a este profesional para abordar el retiro deportivo.

Tazón Azteca 2019 (Mario Castillo -@Mr_Cocoa58- /Máximo Avance)

En cuanto a la segunda pregunta, dentro de las mismas sesiones con el Atleta 95, pudimos reflexionar sobre si el temor y la incertidumbre de salir a la vida, estaba relacionado con tal vez una frágil autonomía adquirida, ya que los atletas si emprenden una vida independiente cuando se cambian de estado y dejan sus hogares, pero también llegan a programas deportivos donde cuentan con todos los recursos para seguir teniendo una vida segura y tranquila, ya que no necesitan trabajar para pagar la universidad, no tienen que hacerse sus comidas, no tienen que buscarse una vivienda, pagar por ella y asumir la responsabilidad de su cuidado. El desarrollo de la autonomía implica tener la opción de elegir y asumir la responsabilidad de las consecuencias, y la autonomía no solamente se desarrolla en la infancia, sino que toda la vida vamos siendo más o menos autónomos. La vida por sí sola te plantea un contexto para desarrollar dicha autonomía teniendo que tomar decisiones, manejar el estrés y gestionar tus emociones. Pero si transitas de un lugar donde se es relativamente autónomo como el hogar (a sabiendas de que los jóvenes dejan sus hogares más tardíamente) a otro como un programa universitario donde tienes todos los recursos a disposición, probablemente esta autonomía no se este desarrollando de manera pertinente. Por tanto, si no los ayudamos a prepararse para el retiro deportivo, salen a la “vida” con una frágil autonomía, teniendo que enfrentar un contexto que llega a ser demasiado amenazante y que provoca una serie de emociones y pensamientos desagradables aminorando el bienestar psicológico.

Creo firmemente que es también responsabilidad de un cuerpo técnico y de una universidad proporcionar al atleta un contexto no solo donde se obtenga un título universitario o se pueda ser atleta, sino también aprender para la vida, para que este evento vital como el retiro deportivo y el término de la vida universitaria no sea un evento estresante de tipo negativo sino sea una etapa que se aborde de forma positiva y con muchas emociones agradables de por medio. Esto no implica que les proveamos más a estos egresados, pero que sí los preparemos para afrontar los desafíos de la vida. Afortunadamente, para terminar, nuestro Atleta 95 se encuentra trazando su camino en la vida con paciencia, aceptación, y más emoción que miedo. De este camino seguiremos pendientes.

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